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LA ORACIÓN
He guardado para hoy, un pasaje que a mi siempre me ha hecho un gran impacto en mi vida espiritual, es una de aquellas perlas escogidas en el antiguo testamento, y lo voy a compartir con vosotros, creo que es la culminación, tanto del tema de la oración, como del sufrimiento. En el pasaje de hoy se combinan de una manera admirable las dos situaciones y os pediría que intentarais mirar este pasaje con ojos frescos, tanto físicamente como en un sentido de aprendizaje, es decir que os olvidéis de aquellas ideas preconcebidas que tengáis sobre el pasaje.
(Génesis 32:22) "Se levantó aquella noche, tomó a sus dos mujeres, a sus dos siervas y a sus once hijos, y pasó el vado de Jaboc. 23Los tomó, pues, y les hizo pasar el arroyo a ellos y a todo lo que tenía. 24Así se quedó Jacob solo; y luchó con él un varón hasta que rayaba el alba. 25Cuando el hombre vio que no podía con él, tocó en el sitio del encaje de su muslo, y se descoyuntó el muslo de Jacob mientras con él luchaba. 26Y dijo: —Déjame, porque raya el alba.
Jacob le respondió: —No te dejaré, si no me bendices. 27—¿Cuál es tu nombre?—le preguntó el hombre.—Jacob—respondió él. 28Entonces el hombre dijo: —Ya no te llamarás Jacob, sino Israel, porque has luchado con Dios y con los hombres, y has vencido. 29—Declárame ahora tu nombre—le preguntó Jacob. —¿Por qué me preguntas por mi nombre?—respondió el hombre. Y lo bendijo allí mismo. 30Jacob llamó Peniel a aquel lugar, porque dijo: «Vi a Dios cara a cara, y fue librada mi alma». 31Ya había pasado de Peniel cuando salió el sol; y cojeaba a causa de su cadera. 32Por esto, hasta el día de hoy no comen los hijos de Israel del tendón que se contrajo, el cual está en el encaje del muslo, porque Jacob fue tocado en este sitio de su muslo, en el tendón que se contrajo."
Hay dos grandes momentos en la vida de Jacob, Betel... el principio de su peregrinar con el Señor, y Peniel es el segundo momento estelar.
En primer lugar... ¿Cuál es el estado de animo de Jacob antes de que tenga lugar Peniel? Es un anochecer, parece que para Jacob, los encuentros con el Señor tenían lugar mas o menos en esta parte del día
Lo primero que observamos es que tenía un estado de miedo... (cap. 32:6-7)... La posibilidad... la casi seguridad del reencuentro con Esaú... "Los mensajeros regresaron a Jacob, y le dijeron: —Fuimos a ver a tu hermano Esaú; él también viene a recibirte, y cuatrocientos hombres vienen con él. 7Jacob tuvo entonces gran temor y se angustió; distribuyó en dos campamentos el pueblo que tenía consigo, y las ovejas, las vacas y los camellos, 8porque pensó: «Si viene Esaú contra un campamento y lo ataca, el otro campamento escapará"
Pobre Jacob... ¡400 hombres con Esaú¡, podéis imaginar como le subió la adrenalina rápidamente cuando le dan la noticia de que su hermano viene a recibirle con 400 hombres, ¿recordáis lo que había prometido Esaú respecto a su hermano?... Juró matarle cuando hubiese muerto su padre, y este era el momento. De ahí que la reacción del versículo 7 sea absolutamente justificada y lógica. "Entonces Jacob tuvo..." no miedo sino "gran temor y se angustió" las dos palabras juntas, temor y ansiedad... angustia.
Yo creo que este miedo también tenía dos dimensiones, por un lado un miedo físico a la muerte en combate... pero posiblemente lo que más le atormentaba a Jacob en aquellos momentos era otro tipo de miedo, era el miedo moral, la angustia y la incertidumbre de saber si su hermano le iba a perdonar o no. ¿Me perdonará mi hermano? ¿Habrá olvidado? ¿cómo reaccionará? ¿aceptará mis presentes? psicológicamente encontramos a un hombre perplejo, aterrado, paralizado... por el temor y la angustia por estas dos razones.
Debéis saber que Jacob aquí es un hombre mucho más maduro (como iremos viendo) del que se encontró con el Señor en Betel, y si Jacob era un hombre sensible, y parece que efectivamente lo era, creo que es lícito sospechar que durante todos estos años había tenido algún tipo, por lo menos algún tipo de sentimiento de culpa, o de remordimiento por lo mal que se había comportado con su hermano, y posiblemente Jacob estaba buscando y anhelando una posibilidad para la reconciliación.
No se cuantos de vosotros habéis estado o estáis en situación de enemistad, o de odio con alguien con quien habéis tenido un roce fuerte, seguramente la persona no ha jurado mataros, porque sería demasiado, ni os habéis batido en duelo como parecía que iba a tener lugar... pero si hay veces en que nuestras relaciones con alguien... un amigo o amiga, nuestra madre... padre... están profundamente deterioradas, y pagaríamos lo que fuera para que hubiera una reconciliación. Tenemos una serie de sentimientos mezclados, de culpa por un lado, de deseo de pacificación...
Imaginaos que se os avecina la cita y que la persona con la que vais a hablar y discutir, viene acompañada de su abogada, su pastor... y de todo un montón de gente, este sería el equivalente de los 400 hombres. ¿Cómo os sentiríais en aquellos momentos? Supongo que os sentiríais nerviosos, pero lo que más nerviosos os pondría sería la pregunta: "Me perdonará? ¿Será posible una reconciliación?
Pero fijaos como el estado de animo psicológico de Jacob, contrasta poderosamente con su estado de animo espiritual, y esta es la primera gran paradoja y lección de la que quiero que os deis cuenta. Psicológicamente encontramos un hombre angustiado, atemorizado, paralizado... pero espiritualmente encontramos un hombre pletórico de confianza, lleno de oración (versículos del 9 al 12) "Luego dijo Jacob: «Dios de mi padre Abraham y Dios de mi padre Isaac, Jehová, que me dijiste: "Vuélvete a tu tierra y a tu parentela, y yo te haré bien", 10¡no merezco todas las misericordias y toda la verdad con que has tratado a tu siervo!; pues con mi cayado pasé este Jordán, y ahora he de atender a dos campamentos. 11Líbrame ahora de manos de mi hermano, de manos de Esaú, porque le temo; no venga acaso y me hiera a la madre junto con los hijos. 12Y tú has dicho: "Yo te haré bien, y tu descendencia será como la arena del mar, que por ser tanta no se puede contar"
¡Que diferencia de este Jacob con el de Betel! Un hombre que busca intensamente a Dios en oración y que confía, evoca, alude las promesas del Señor en el pasado. Encontramos también (y seguimos con el análisis espiritual de Jacob) un hombre con un profundo deseo de meditación (versículo 23) "Los tomó, pues, y les hizo pasar el arroyo a ellos y a todo lo que tenía. 24Así se quedó Jacob solo..." El deseo de quedarse solo era básicamente con la intención de meditar aquella noche, de reflexionar y probablemente orar; y sobretodo lo que observamos en Jacob es que era un hombre lleno de sed de Dios (versículo 26) " Y dijo: —Déjame, porque raya el alba. Jacob le respondió: —No te dejaré, si no me bendices " ¿Os dais cuenta del contraste, de la diferencia con Betel? ¿Quién tomó la iniciativa en Betel? Dios, ¿Quién toma la iniciativa en Peniel? Jacob... un Jacob mucho más maduro espiritualmente y que se caracteriza por ser un hombre de oración, de confianza, de reflexión... un hombre con sed de Dios.
Y quiero recalcar este contraste tan fuerte entre el estado anímico de Jacob y su estado espiritual, porque es perfectamente posible que tu y yo nos sintamos angustiados, paralizados por la adrenalina o lo que sea... perplejos psicológicamente y sin embargo estar espiritualmente con paz... lleno del Señor.
Jacob buscaba a Dios en Peniel independientemente de sus problemas psicológicos y de las circunstancias adversas, psicológicamente estaba desecho: "temo a mi hermano" sin embargo espiritualmente estaba lleno de confianza, y esta ambivalencia, esta paradoja es algo que se puede dar y que se da en la vida cristiana. Uno puede estar en un funeral llorando intensamente, y sin embargo en lo más profundo de su corazón alabar a Dios, descansar en Dios... confiar en Dios... y una cosa no quita la otra. Y ahí tenéis un ejemplo de cómo puede haber un contraste muy grande entre nuestro estado externo, visible, y la profundidad del estado espiritual. Jacob teme a su hermano y sin embargo busca a Dios intensamente en oración.
Vamos a ver el encuentro en sí, hemos visto en primer lugar el estado de animo de Jacob que veis que tiene muchos paralelos psicológicamente con Betel, pero absolutamente distinto desde el punto de vista espiritual respecto de Betel.
La oración por así decirlo entre Jacob y el ángel... yo creo que el encuentro tiene básicamente cuatro características:
En primer lugar el versículo 27 implica confesión y humillación, se inicia (si me permitís la expresión) los entremeses del encuentro de Jacob con el Angel, se inician con una experiencia que no es agradable en absoluto para un ser humano. Fijaos que pregunta más inocente... "el varón le dijo: ¿cómo te llamas?" ¿os parece inocente esta pregunta? Lo cierto es que es lo más normal que una persona le pregunte a otra ¿cómo te llamas?. Sin embargo sabéis que para un hebreo declarar su nombre declaraba un acto de abrirse profundamente porque daba a conocer los rasgo y el carácter más profundos de su persona. En otras palabra revelaba todo su ser, de tal forma que la pregunta aparentemente inocente "¿cuál es tu nombre? " implicaba: "dime realmente quien eres"... "dime... confiésame tu estado interior, tu pasado... tus antecedentes", esa pregunta "declárame tu nombre" sería algo así como "cuéntame toda tu vida"
Y Jacob tiene que responder...¿y veis como responde?... "Me llamo embustero", "Me llamo el que suplanta, el que usurpa, el que engaña" A mi por lo menos no me hubiera hecho demasiada gracia tener que decir esto, declarar todo su pasado... pero así es como todo verdadero encuentro con el Señor se inicia, no puede haber progreso... avance, no puede haber un verdadero encuentro con Dios si el primer paso no es una confesión genuina, sincera... que implica humillación de nuestra parte.
¿cuál sería el equivalente a esta pregunta tan sencilla para cada uno de nosotros? ¿cómo te llamas? ¿cuál es tu estado espiritual y psicológico actual y de tu pasado?... podríamos responder nosotros: "Revoltoso", "Ladrón", "hipócrita" , "Narcisista"... ¿qué nombres tendríamos que decirle al Señor o al ángel? ¿cómo responderíamos a esta pregunta?... Todo verdadero encuentro con el Señor requiere confesión y humillación, y como ha dicho alguien... "nadie puede venir al Señor si no es de rodillas"
En segundo lugar se trata de un encuentro intimo (versículo 30) " Jacob llamó Peniel a aquel lugar, porque dijo: «Vi a Dios cara a cara, y fue librada mi alma " Cuando dos personas quieren tener un cierto nivel de intimidad... ¿qué hacen? No se hablan por teléfono... por lo menos que yo sepa, buscan encontrarse y verse cara a cara mirándose a los ojos, porque es únicamente de esta forma que puede haber una intimidad.
La palabra "conocer" en el hebreo es la misma palabra que se usa en hebreo para las relaciones más intimas entre los seres humanos, conocer a Dios implica un nivel de intimidad muy fuerte, y no se puede tener un verdadero encuentro con Dios dándole la espalda, ni por teléfono... ni por carta... ni a través de terceras personas, y podéis ir apurando la metáfora... ni a través de muchas actividades, ni a través de muchos comités... El encuentro con el Señor tiene que ser cara a cara, y esto es casi el resultado directo y natural del primer paso que antes mencionábamos: la humillación y la confesión.
En tercer lugar se trata de un encuentro intenso, de una lucha, no se trata de algo pasivo sino activo, la forma como Jacob llegó a experimentar la presencia de Dios no fue tumbado en una hamaca, no fue de una manera pasiva sino que fue en una lucha intensa por ver el rostro del Señor. El concepto hebreo de "esperar", la palabra hebrea "esperar" implica siempre esta dimensión de actividad, de inquirir, de buscar, de tal forma que cuando cantamos "pacientemente esperé a Jehová" la idea no es la de alguien que se queda pacientemente de brazos cruzados esperando, sino la idea es la de "pacientemente inquirí, busqué", esta es la idea hebrea de esperar.
En Habacuc 2:1 " En mi puesto de guardia estaré, sobre la fortaleza afirmaré el pie. Velaré para ver lo que se me dirá
y qué he de responder tocante a mi queja. " , cuando Habacuc está en esta actitud "militar", de hacer guardia, de velar intensamente, vemos que Dios responde (versículo 2) "Jehová me respondió y dijo..." y Dios no responde a un Habacuc cruzado de brazos, Dios responde a un Habacuc que está buscando, esperando, inquiriendo, anhelando respuesta. Y esto es una constante si queremos conocer la voluntad del Señor en cualquier asunto de nuestra vida, es importante esperar en el sentido hebreo de esperar... luchar con el Señor.
Por cierto, ¿sabéis lo que significa Habacuc? Significa: "El que lucha y el que abraza", las dos palabras al mismo tiempo, ¿qué bonito verdad? Es posible luchar y abrazar al mismo tiempo, algo parecido le ocurrió a Jacob.
Y en cuarto y último lugar, el encuentro de Jacob con el ángel es un encuentro largo y duradero, es decir fue necesaria una perseverancia en la lucha. Uno de los peores enemigos que hay en nuestra relación con Dios es la prisa, el afán por lo instantáneo, y esta es una de las características fundamentales de nuestra sociedad, todo se puede conseguir de manera instantánea, las cámaras de fotos... el café... vivimos en una sociedad que fomenta lo contrario de la paciencia en el sentido bíblico, y creo que esta es una de las razones por las que a muchos de nosotros nos cuesta verdaderamente esperar en el Señor, y por la que muchos de nosotros adolecemos de paciencia, porque es una forma sutil de influencia del Diablo, ¡lo quiero ya¡ es una forma sutil de secularismo... recordad el gran error del pueblo al pedir Rey, el contenido no era equivocado, Dios les había prometido un rey, el problema es que ellos se adelantaron al reloj y a los propósitos de Dios.
Pero Jacob tuvo la paciencia suficiente para luchar toda una noche hasta que rallaba el alba, quizá si Jacob hubiese vivido en Estados Unidos, o en España, después de 3 minutos de luchar hubiese dicho: "Este hombre me puede, no quiero luchar más", pero Jacob sabía muy bien que todo lo que tiene un precio, todo lo que es valioso (y las cosas del Señor son extremadamente valiosas) requiere perseverancia.
Y quiero aplicar lo que estoy diciendo especialmente a nuestro proceso de Santificación, esta presión social de lo instantáneo hace que muchos creyentes, sobre todo los que yo llamaría creyentes "SuperEspiritualistas" , no puedan entender ni aceptar que un mes después de estar convertidos continúen pecando. Es importante entender que la Santificación es progresiva y el Espíritu Santo quien la realiza dentro de nosotros, y si bien la regeneración y la conversión son instantáneas, la Santificación es un proceso, y no debéis desanimaros cuando veis que no llegáis... que no dais la talla... que pasáis por baches... al contrario, esto debe ser un motivo de estimulo y de aliento.
El encuentro se inicia con confesión y humillación... ¿cómo te llamas?.... es un encuentro totalmente intimo, cara a cara, sin intermediarios de ningún tipo, cuidado con el activismo que suele ser un sustituto fácil de la intimidad con el Señor, es un encuentro activo... intenso... y es un encuentro largo y duradero que requiere perseverancia.
No es casualidad que Jacob saliera de este encuentro como un hombre nuevo, totalmente transformado...
Hemos visto el estado previo de Jacob, hemos visto el encuentro mismo con el Señor, y ahora en tercer y último lugar vamos a ver los resultados, las consecuencias de este encuentro.
Creo que hay básicamente tres grandes resultados que se desprenden del encuentro en Peniel, en primer lugar Jacob sale roto, herido, de esta situación... (versículo 25) "Cuando el hombre vio que no podía con él, tocó en el sitio del encaje de su muslo, y se descoyuntó el muslo de Jacob mientras con él luchaba.", según todos los indicios, casi parece seguro que se trataba de una luxación de cadera y puesto que en aquella época no existían las reducciones de fracturas tuvo que arrastrar esta luxación de cadera durante toda su vida y por consiguiente cojear.
Lo que más no nos interesa aquí no es el tipo de herido, sino que el encuentro en sí requirió pagar un precio, Jacob tuvo que pagar un precio que además fue permanente, desde aquel mismo día Jacob cojeó todos sus días, fue un símbolo que iba a perdurar toda su vida, y cuando alguien le encontrara por el camino y le preguntara: "¿Dónde te hiciste esto?" él tenía que responder donde se lo había hecho.
El encuentro con el Señor implica un precio, que a veces es un precio que tendremos que pagar durante el resto de nuestra vida, y no me refiero aquí solamente al encuentro de un día, sino a la vida del discípulo de Cristo, ser un discípulo coherente y radical del Señor va a implicar heridas, precio que hay que pagar... La salvación es por gracia, pero el discipulado implica una serie de renuncias y de batallas.
Y me gustaría que reflexionaseis sobre cual es vuestro equivalente a la luxación de cadera, como resultado a vuestra obediencia al Señor ¿qué precio hemos tenido que pagar, o estamos pagando? ¿la burla por parte compañeros? ¿El aislamiento y la soledad en nuestra familia? ¿acaso el desempleo? Cada uno de nosotros puede pensar en aquellas cosas que sufre por amor del Señor y que vienen a ser un poco las marcas visibles.
En un testimonio, una mujer dijo que ya no tenía necesidad de divertirse de la forma en que lo hacía antes, porque ahora el vacío que había en su corazón está lleno, yo me pregunto si es así en cada uno de nosotros, ¿no será que a veces estamos suspirando por tener aquellas cosas que pertenecen al mundo? El precio del discipulado va a dejar cicatrices, algunas de ellas para siempre, cicatrices morales y espirituales.
Siempre me llama mucho la atención cuando se presenta el curriculum de un militar, lo que más cuenta es el numero de veces que ha sido herido en batalla, herido en tantas batallas... sabéis que la vida cristiana es una milicia, a mi me gustaría que pensáramos ¿en cuantas batallas hemos sido heridos nosotros? Y ojalá ninguno de nosotros fuéramos soldados rasos... sino que pudiéramos llegar muy arriba en la graduación militar del Señor, y que podamos exhibir las heridas y las cicatrices... no por una afán masoquista, no podemos echarnos a los leones solamente para que nos hieran, pero realmente cuando uno se plantea en serio el seguir al Señor, posiblemente quede cojo el resto de su vida, y quiero exhortaros a la luz de esto en un tema, el tema de la soledad.
Una de las luxaciones de cadera más frecuente que el cristiano tiene que pagar por ser cristiano... es la soledad, por la incomprensión en la familia... quizá también (y esto ya es más grave) por la incomprensión en la iglesia... soledad porque no habéis encontrado en el campo evangélico a un chico o chica con que compartir vuestra vida... y el celibato no es una cosa de bromear, el celibato es un asunto muy importante porque hay... sobre todo chicas que son solteras porque han sido discípulas coherentes... radicales con su compromiso cristiano, y que habiendo tenido muchísimas oportunidades de haberse casado con no creyentes, han preferido pagar el precio del discipulado y ser fieles al Señor, y estos casos son ejemplo, y estas cicatricen estimulan y alientan y animan. ¿Cuál es el precio que el Señor nos pide a nosotros?
En segundo lugar (afortunadamente) Jacob no sale solo como un hombre herido, cojo para el resto de su vida, sino que gloriosamente sale como un hombre nuevo, y esto se ve sobre todo en el nombre nuevo que se le da (versículo 28) "Entonces el hombre dijo: —Ya no te llamarás Jacob, sino Israel ", a partir de entonces, cuando le pregunten su nombre ya no tendrá que decir "Embustero" sino "Israel" que quiere decir: "Padre de muchas naciones".
El encuentro intimo con el Señor, la conversión, cambia nuestra vida y nos hace hombres nuevos, y en todos los Penieles que podamos tener en nuestra vida, cada encuentro nos renueva intensamente y nos hace salir como un hombre nuevo. La culminación de la renovación espiritual que se había iniciado en Betel la encontramos con el cambio de nombre, lo cual refleja un cambio profundo de su interior. (Génesis 27:36) "Bien llamaron su nombre Jacob, pues ya me ha suplantado dos veces: se apoderó de mi primogenitura y ahora ha tomado mi bendición." Pero (2ª Corintios 5:17) "De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es: las cosas viejas pasaron; todas son hechas nuevas." Todas, esta es la palabra clave, todas son hechas nuevas, el encuentro personal con el Señor renueva todas estas cosas.
Y en tercer lugar... Jacob sale herido, como un hombre nuevo... pero también bendecido, (versículo 29) "Declárame ahora tu nombre — le preguntó Jacob. —¿Por qué me preguntas por mi nombre?—respondió el hombre. Y lo bendijo allí mismo. " Sabéis que la bendición era el símbolo de la renovación de la promesa, es decir de los propósitos de Dios para su vida, lo que Dios hace con Jacob en Peniel es renovar los propósitos que el tenía para su vida. Y fijaos que si Dios usó a Jacob, también puede usarnos a nosotros, no creo que seamos muy distintos de Jacob, Jacob era un hombre mentiroso, un hombre que desde el vientre mismo de su madre se peleaba con su hermano, un hombre que no duda en recurrir a las más bajas estratagemas, es un hombre de carne y hueso... pero es una constante que Dios usa vasos de barro... los vasos que Dios utiliza no son de oro, ni siquiera de plata, son vasos de barro. Y es gente como Jacob, y como Jonás... y como Simón Pedro... gente como tu y como yo, porque el poder de Dios se hace perfecto, se redondea en la debilidad.
Muchos, tendremos que enfrentarnos con Esaús y 400 hombres... el equivalente... ¿cuál es tu Esaú? ¿cuál es la situación que más temes? Aquello que te produce gran temor y angustia como en el caso de Jacob... ¿quizá la inseguridad de volver a una situación familiar tensa o incierta? ¿Quizá problemas de iglesia? ¿Quizá tener que estudiar otra vez? Cada uno de vosotros puede pensar en su Esaú particular... lo único que debéis hacer ante esto es lo que hizo Jacob... desecho, roto psicológicamente... y sin embargo buscó el rostro de Dios... en confianza, hasta que consiguió la paz que buscaba. ¿Si el Señor está con nosotros, quién contra nosotros? (Romanos 8:31)
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